El poder de los hábitos

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Jabib Char

El éxito no viene sin el trabajo duro. Es fácil dejarse seducir por la idea del éxito repentino – de la noche a la mañana. Vemos casos de emprendedores que logran el éxito empresarial y percibimos que fue un proceso sencillo. Pero en realidad todo camino al éxito está plagado de fracasos, esfuerzos y sacrificios. Muchas veces vemos el resultado final, pero no vemos toda la dedicación y sacrificio que se requirió para llevar a cabo la meta. A veces no entendemos que aunque el éxito es sencillo, no es fácil.

El trabajo duro requiere de disciplina. La disciplina es el autocontrol, nuestra capacidad para postergar nuestros deseos inmediatos en pro de alcanzar nuestras metas más elevadas en el futuro. Es la afirmación de la voluntad sobre los deseos. La procrastinación es todo lo contrario – es la postergación de actividades que tenemos que hacer, aun sabiendo que al postergarlas estaremos en una situación peor. Por lo tanto, la disciplina es indispensable para concentrar nuestros esfuerzos en un proyecto determinado y sacarlo adelante satisfactoriamente. No existe una persona verdaderamente exitosa, que no haya contado con la suficiente voluntad para mantenerse enfocado en sus proyectos.

Pero la disciplina tiene una limitación: ésta se agota. La disciplina funciona como un músculo, si se ejercita adecuadamente la fortalecemos. Si no lo hacemos, ésta pierde su fuerza. Y si la ejercitamos demasiado terminará agotándose, como pasaría con cualquier músculo del cuerpo. Por eso es recomendable emprender las acciones y rutinas más complejas a primera hora del día, ya que al despertar nuestra voluntad se encuentra renovada. Por lo tanto, es indispensable que desarrollemos hábitos, porque son estos los que al final de cuentas nos permiten mantenernos constantes en la consecución de nuestros ideales y metas.

Por eso, una persona que está comprometida con sus hábitos es una persona que tiene carácter. Es alguien que tiene la suficiente fuerza interior para mantenerse fiel a los compromisos que se ha hecho consigo mismo, especialmente cuando apenas está comenzando a crear una nueva rutina. Los hábitos funcionan como una nave espacial. Los primeros minutos del despegue son los más intensos. Aquí es donde más energía se gasta y donde mayor es el riesgo de que se produzca una falla.

Pero luego de que la nave consigue vencer la fuerza de gravedad que la tierra ejerce sobre ella, logra el resto de su viaje sin mucho esfuerzo. Lo mismo sucede con nuestros hábitos. Al principio es difícil, nos sentimos incómodos y nos ataca la incertidumbre de no saber si lo estamos haciendo bien. También es el momento más crítico, ya que estamos expuestos a abandonar en cualquier momento. Pero ésta es la etapa más importante, ya que aquí es donde se forja nuestro carácter y se pone a prueba nuestra determinación.

Resulta que la zona de nuestro cerebro que se activa cuando ejercemos nuestra fuerza de voluntad es la corteza prefrontal. Es aquella parte del cerebro que solo los humanos tenemos lo suficientemente desarrollada para poder razonar. Por otro lado, los hábitos se encuentran en una zona mucho más interior del cerebro, llamada los ganglios basales. Recientemente los científicos han descubierto que el cerebro tiene una enorme habilidad para regenerarse. A esta capacidad le han llamado “neuroplasticidad cerebral”. La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas conexiones neuronales, en respuesta a los estímulos sensoriales. Esto significa que podemos reprogramar nuestro cerebro para crear nuevas rutas neuronales, es decir, crear nuevos hábitos. Entre más practicamos una rutina, más se fortalecen las vías neuronales que utilizamos para llevar a cabo esa actividad.

En la medida en que somos consistentes con el comportamiento que deseamos tener, este se consolida en un hábito en nuestros ganglios basales. Cuando nuestro comportamiento se ha convertido en un impulso automático, podemos decir que hemos creado un hábito. Debemos llegar al punto en donde sea más difícil no hacer nuestras rutinas, que hacerlas. En esto consiste la automatización de nuestros comportamientos deseados. Nuestro reto consiste en desarrollar la disciplina inicial para lograr esta transición.

Por lo tanto, todo ser humano está en capacidad de desarrollar la disciplina y los hábitos necesarios para mantenerse consistente con lo que desea alcanzar. En la medida en que se mantenga ésta consistencia se ampliarán las posibilidades, y cuando lleguen las oportunidades estaremos listos para tomarlos. Las oportunidades no se pierden, simplemente cambian de dueño. Por eso debemos estar preparadas para ellas y para el éxito. Por eso creo profundamente en la siguiente premisa Moldea tus hábitos y ellos te moldearán.

Jabib Char

Ingeniero Industrial
Escritor

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